Para abordar el tema de las iluminaciones de temporada (nombradas de ésta manera por el periodo temporal al que aluden), es importante remontarnos a sus orígenes, que si bien comenzó con la temporada decembrina, ésta se fue extendiendo y adaptando en distintas fechas conmemorativas importantes a nivel país, como lo son ahora, festividades patrias, o festejos culturales como día de muertos en México, Carnavales y por su puesto Navidad.

 La costumbre de conmemorar las fechas navideñas con árboles de Navidad, se inicia a mediados del siglo XVIII en hogares alemanes de clase alta. Estos, progresivamente fueron decorando con velas adheridas a ramas y hojas por medio de cera derretida o con simples agujas. Los árboles de Navidad decorados con luz se establecieron en Inglaterra durante el reinado de la reina Victoria, y a través de la emigración hacia norte América y Australia.

 El primer montaje exterior del que se tiene referencia es el organizado por Frederick Nash y la Cámara de comercio de Pasadena, en Altadena, California, concretamente en la Avenida Santa Rosa, que fue popularmente rebautizada como la avenida del árbol de Navidad. Tal montaje se ha repetido en cada periodo navideño desde 1920 con la excepción de los años de la segunda guerra mundial.

 Las iluminaciones de Navidad en entornos de pública concurrencia (calles, edificios..) son un evento esperado durante las celebraciones navideñas, ya que se convierten en un atractivo en la Ciudad para locales y visitantes, creando un vínculo emocional entre el usuario y la decoración, esto, a través del uso de texturas, formas y colores que transporten a los visitantes al concepto planteado; es contar una historia a través de las calles de la Ciudad enalteciendo edificios e hitos históricos.

 La forma de uso de las iluminaciones de Navidad es muy variada y alcanza desde la ornamentación de árboles de Navidad en plazas públicas, arbolado en la vía pública, parques u otros elementos del mobiliario urbano, hasta la colocación de estructuras monumentales (entre 3 y 10mts de altura) en puntos estratégicos de las Ciudades.

 El adoptar este tipo de costumbres en diversas Ciudades de México ha marcado una importante diferencia en factores tanto económicos como turísticos, convirtiendose en un factor importante de inversión por parte del gobierno, ya que al invertir en proyectos que generen emociones positivas en sus habitantes, como felicidad, sentido de pertenencia y alegría, es una manera de garantizar una sociedad emocionalmente saludable.